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9 de Setiembre de 2010
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La bañera más antigua. Historia del baño


A lo largo de la historia y para grandes civilizaciones como la greca, egipcia, y romana, el baño no solo poseía connotaciones religiosas sino que también, se entrelazaba con el placer, la ostentación de la riqueza así como también con las legiones de esclavos.

Tras esta diversificación del ritual, y entre palacios elegantes con oro y marfil en todos sus rincones, el origen de del hábito, está más que nada vinculado a la medicina. En Egipto, el dios Thot, además de enseñar el don de la química y la escritura, recetaba y proporcionaba los ingredientes para que sacerdotes capacitados, prepararan los baños con agua y mediando la utilización de aceites y esencias aromáticas.

El procedimiento era cargado de tales efectos revitalizadores, que las doncellas egipcias eran bañadas por sus esclavas con agua perfumada con mirra, azafrán o canela; cubiertas con ungüentos y aceites y rodeadas con ramilletes de flores perfumados. Como símbolo de frescura y belleza, se finalizaba el acto con un desfile con guirnaldas florales.

Por menos adinerado que fuera, ningún egipcio se privaba de su baño diario. Quienes tuvieran una posición socio-económica inferior, humectaban su piel con aceite de ricino, mezclado con menta y orégano.
Y aunque se desconociera el jabón, en su lugar se utilizaba una arcilla jabonosa con alto contenido de potasio o aceites y ungüentos compuestos con aloe, canela, nardo, azafrán o mirra que se acostumbraban guardar en cajitas de alabastro o marfil, comúnmente llamadas “La casita del alma”.

La bañera más antigua, fue encontrada en el Palacio Knossos, en Creta , y data del 1700 AC.

En los tiempos de las antiguas civilizaciones, el concepto de baño purificador e incluso sanador de algunas enfermedades, así como purificador del alma, mas adelante en el Renacimiento, la higiene corporal retrocedió debido la aparición de enfermedades como la sífilis o la peste, que se propagaban sin que ningún científico pudiera explicar la causa; tanto así como a una nueva percepción más puritana del cuerpo, que se consideraba tabú.

Los médicos del siglo XVI creían que el agua, sobre todo caliente, debilitaba los órganos y dejaba el cuerpo expuesto a los aires malsanos, y que si penetraba a través de los poros podía transmitir todo tipo de males.

Dentro de los más altos estratos sociales durante el periodo de Luis XIV, las damas más entusiastas del aseo se bañaban máximo dos veces al año, y hasta el propio rey sólo lo hacía por prescripción médica y tomándose debidas precauciones.

Luego le tocaría a Roma ser la civilización que más desarrollaría el baño a través de las termas y bañeras griegas y romanas; hechas de mármol, plata o madera.

Lugares como Alemania o España fueron influidos por la costumbre musulmana de bañarse a diario, aunque en otros lugares la bañera se convirtiera en una simple tina de madera.

Costumbre masificada, el baño turco fue el antepasado directo de la bañera individual repleta con agua caliente y desagüe.

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